Este encierro que no termina

Este encierro que no termina: poesía contemporánea desde la reclusión y el deseo

Sara Andrade

Una lectura personal del encierro

Entre tantas discusiones sobre la libertad y sus metáforas, me parece que olvidamos las palabras que podemos usar para aprehender el encierro. Sobre todo ahora más que nunca, en estos tiempos en los que el aislamiento parece ser un prerrequisito del ser humano, que ya no existe en comunidad, afuera, entre las personas, sino dentro, entre paredes, de frente al desquicio de un “black mirror” cruel y ruidoso, que parece pedir de todos nosotros más que nuestro tiempo: nuestros sueños, nuestra curiosidad, nuestros deseos.

Durante la pandemia, experimentamos todos, como en una especie de terapia de choque, la realidad de nuestra existencia hipercapitalista: incluso aunque el mundo se esté acabando, debemos consumir, debemos trabajar, debemos alimentar al algoritmo. Aislados de todos, encerrados en los metros cuadrados de nuestras habitaciones, aprendimos a temerle al afuera, y también a la idea de liberarnos de los demás encierros, los ideológicos, los económicos, los artísticos.

Y, sin embargo, cuando recuerdo el encierro de pandemia, también recuerdo haberme sentido feliz. Incluso recuerdo haber pensado que me encantaría que pudiéramos hacer esto cada tanto, cuando la naturaleza parecía recuperarse sin nosotros y todos nosotros cultivábamos una cierta paz, cocinando pan, leyendo, escribiendo y bailando al ritmo de canciones que pensamos que habíamos olvidado.

Lo cierto es que ha existido un esfuerzo por parte de la tecnocracia por hacernos olvidar lo que sentimos, malo o bueno, de la pandemia, como si la mera idea de que pudiéramos nombrar lo que experimentamos fuera de ese sistema opresivo fuera peligroso en sí mismo.

El encierro como experiencia ontológica

Este encierro que no termina no busca documentar la pandemia, sino pensar desde ella. A través de una escritura cargada de referencias filosóficas, poéticas y emocionales, Omar Kuri Vidal construye una serie de poemas que no solo se sitúan en el encierro físico, sino en otros mucho más profundos: el del cuerpo, el del deseo, el del lenguaje. Desde el primer poema, donde una hija pregunta por los límites de lo cotidiano, hasta las imágenes de máscaras hechas de palabras, el libro se pregunta si es posible salir, y si salir es siquiera deseable.

La palabra como forma de encierro

El lenguaje no redime. En este poemario, la palabra se convierte en celda. En poemas como «Máscara», se revela la escritura como otro encierro: no escudo, sino prisión. No hay salvación en la metáfora, sino una forma distinta de respirar entre palabras que también aprietan. La poesía, lejos de querer consolar, se presenta como un ejercicio de resistencia contra el olvido impuesto por el sistema.

Erotismo, obsesión y ritual poético

La presencia de un tú espectral, ambivalente y deseado recorre todo el poemario. El cuerpo aparece como un recinto hermético, evocado con palabras que lo rozan, lo buscan, lo nombran hasta agotarlo. En versos como «Te beso mojada arriba de un soneto…», se evidencia la mezcla de carne, alcohol y desesperación. El deseo no libera, pero da forma a un ritual que conjura, que recita, que insiste.

Una red poética entre paredes

A lo largo del libro, Kuri Vidal cita o dialoga con figuras como Sor Juana, Lezama Lima, Vallejo o Pessoa. Estos nombres no aparecen como ornamento, sino como parte de una comunidad lírica que ha sabido pensar el encierro desde otras épocas, desde otras voces. Esta red de referencias convierte al libro en una constelación de ecos que no permite la clausura total.

Una habitación propia para el presente

Hoy, en medio de nuevas crisis globales, Este encierro que no termina resuena como una forma de volver a lo interior. El libro no pretende ser guía ni consuelo, pero ofrece una habitación poética donde la angustia se transforma en ritmo y donde la palabra, si no cura, al menos nombra. Omar Kuri Vidal escribe desde el encierro sin buscar evasión: escribe para quedarse, para nombrar, para no olvidar.

 

 

Cuentos filosóficos de Zacatecas

Pensar desde Zacatecas: Comentario a Cuentos filosóficos de Zacatecas

Félix Zaid Esparza Soto
Docente y promotor del pensamiento crítico

 

La filosofía es, ante todo, el amor al conocimiento; su objetivo no es proporcionar respuestas absolutas, sino provocar preguntas: cuestionar lo que sabemos, lo que hacemos y lo que creemos. Desde esta mirada, el libro Cuentos filosóficos de Zacatecas resulta una invitación accesible y profunda para adentrarse en el pensamiento filosófico desde las tradiciones, espacios y experiencias de nuestro estado.

Con una prosa clara, ligera y sustancial, el libro se dirige especialmente a quienes buscan iniciarse en la reflexión filosófica; sus cuentos, ubicados en municipios de Zacatecas como Río Grande o Sombrerete, no solo cuentan historias: invitan a pensar desde lo cotidiano y lo local, vinculando las preguntas fundamentales con espacios y situaciones cercanas.

Los títulos de los cuentos son provocativos; despiertan curiosidad y no decepcionan. Como docente, considero que esta obra es una herramienta didáctica valiosa para fomentar el pensamiento crítico en estudiantes de diferentes niveles. Los cuentos giran en torno de preguntas fundamentales, ese recurso tan humano y tan necesario para abrir diálogos y construir pensamiento propio.

Uno de los mayores aciertos del libro es su enfoque en la pregunta como eje narrativo. Esta estructura no solo facilita la lectura, sino que favorece la conversación: entre personajes, entre lectores, y también dentro de uno mismo. Aplicadas a niñas, niños y adolescentes, estas preguntas permiten descubrir ideas genuinas, no contaminadas por discursos preestablecidos. Por eso, considero que Cuentos filosóficos de Zacatecas es útil tanto para jóvenes como para padres, docentes o cualquier lector que desee detenerse un momento a pensar.

El hecho de que estos cuentos estén situados en diferentes regiones de Zacatecas no es un simple recurso literario. Es una forma de decirnos que también desde aquí se puede filosofar, desde nuestras plazas, mercados, montañas o escuelas. Las historias recuperan tradiciones locales y las convierten en punto de partida para preguntas universales.

Los personajes recurrentes de la obra poseen distintos niveles de maduración intelectual, lo que enriquece el diálogo y refleja la diversidad de posturas que podemos encontrar en la vida real. Este contraste genera discusiones filosóficas vivas, nunca unilaterales, que nos permiten entender que cada personaje, incluso con opiniones opuestas, puede tener parte de razón.

En el cuento «Día de Muertos», situado en Río Grande, se reflexiona sobre la mortalidad y el sentido de la vida, un tema que inevitablemente remite a obras como «El inmortal», de Jorge Luis Borges. La pregunta que subyace (¿qué pasaría si la muerte no existiera?) se convierte en una reflexión sobre el valor de aquello que es finito, efímero, humano.

Cada cuento se vincula con temas filosóficos fundamentales: la verdad y el tiempo, el sentido del nombre propio, el cuidado del medio ambiente, el arte y su importancia, la igualdad, la justicia y la libertad, la moralidad y el conocimiento, la veracidad de la realidad y el papel de la ficción, las emociones y su interpretación, el amor y el sentido de comunidad…

En «La sierra de las apariencias», situado en Sombrerete, se abordan ideas del existencialismo de Kierkegaard y Sartre, en torno del ser, la presencia y la autenticidad. Fue, personalmente, uno de los relatos que más me hizo reflexionar.
Cada cuento es una invitación a dialogar. Los personajes debaten entre sí, pero también con el lector, quien se ve estimulado a pausar la lectura y responder con sus propias ideas. Esto convierte al libro no solo en una lectura, sino en una experiencia filosófica participativa.
Desde mi experiencia como lector y educador, no puedo más que felicitar al autor por este logro. Cuentos filosóficos de Zacatecas es una obra que cumple su propósito: llevar la filosofía al corazón de la vida cotidiana, despertar el pensamiento crítico y abrir espacios para el diálogo y la reflexión.

 

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Si te interesa explorar cómo también la escritura sobre la propia historia puede ser una forma de reflexión transformadora, te invitamos a leer nuestra entrada sobre Crisol, un libro que recupera la memoria familiar para fortalecer la identidad.
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Defensa de Puebla

Leer la historia con los ojos del corazón: sobre la defensa de Puebla y un zacatecano que lo entregó todo

Hay libros que se leen con la mente y libros que, aunque tengan el rigor de los documentos oficiales, se leen con el corazón latiendo fuerte. Parte general que dio al Supremo Gobierno…, escrito por el general Jesús González Ortega durante el sitio de Puebla en 1863, es uno de ellos. Más que un informe militar, es el retrato desgarrador de un hombre que supo mirar el conflicto como lo que es: un drama profundamente humano, lleno de angustias, decisiones límite, dignidad y dolor. Como editora, pocas veces he sentido tanto orgullo como al recibir este documento para reedición. El texto fue puesto en nuestras manos por el académico Marco Antonio Flores Zavala, con el respaldo de la Fundación Roberto Ramos Dávila. A ellos agradezco profundamente la confianza. Publicar esta nueva versión fue, para nosotras, un acto de respeto a nuestra historia y un homenaje a quienes han dedicado su vida a contarla con verdad y rigor.

Un testimonio irrepetible de la historia de México

Este libro nos traslada a los días en que Puebla —rebautizada por decreto de Juárez como «de Zaragoza»— resistía con valentía el asedio de las fuerzas francesas. González Ortega, zacatecano general de «circunstancias», había asumido el mando del Ejército de Oriente tras la muerte de Ignacio Zaragoza. Desde su cuartel en el Palacio de Gobierno de Puebla, organizó la defensa de la ciudad durante 62 días con una mezcla de racionalidad militar, liderazgo político y convicción moral. El valor de este documento histórico no está solamente en los datos que ofrece —nombres, fechas, partes militares, decisiones tácticas—, sino en la voz con la que está narrado. Es un parte de guerra, y también es una memoria escrita desde la conciencia de quien sabe que el papel no solo informa, sino que preserva y honra. Leerlo es asistir al nacimiento del testimonio, al instante mismo en que la historia empieza a contarse a sí misma.

No solo batallas: decisiones, principios, fracturas

La historia, cuando se cuenta bien, deja de ser solo un desfile de fechas y nombres. En este caso, cobra la forma de una bitácora escrita entre el fuego enemigo y las propias tensiones internas. En el Parte general…, González Ortega relata no solo la estrategia militar, sino también las disputas con Comonfort, las diferencias con otros mandos, el agotamiento físico y moral de los soldados, y los intentos de mantener la dignidad en medio de la derrota inminente. Este relato ofrece una visión única de la Defensa de Puebla. Uno de los episodios más conmovedores es el de la negativa colectiva a firmar una declaración humillante que pretendía imponer el ejército francés tras la caída de la plaza. Ortega y otros generales —entre ellos nombres que hoy nos resultan familiares, como Porfirio Díaz, Mariano Escobedo y Felipe Berriozábal— se niegan con honor. «Las leyes de su país les prohíben contraer compromiso alguno que menoscabe la dignidad del honor militar», escribe. Pocos textos documentan con tanta lucidez el precio de la coherencia en la Defensa de Puebla.

Leer la historia para sentirla

Leer historia es un acto de humanidad, pues nos permite saber qué pasó y, además,entender cómo se sintió vivirlo. Por eso nos pareció imprescindible mantener el estilo original del documento: sus largas frases, sus repeticiones, sus pausas abruptas. En cada párrafo se escucha la voz de un hombre que no se presumía escritor (aunque se acerca su tono), pero que se obliga a narrar lo que vivió con fidelidad y sin adornos. La lectura de este libro es, también, una forma de reconciliarnos con nuestra memoria. La defensa de Puebla no fue solamente una batalla; fue una muestra del deseo profundo de soberanía, del anhelo de libertad, del derecho a decidir nuestro propio destino. El hecho de que este testimonio surja de la pluma de un zacatecano, y que llegue a nuestras manos en el presente gracias a una fundación zacatecana, nos recuerda que la historia nacional se construye desde cada región, desde cada plaza, desde cada voz.

Una lección de dignidad y trato humano

Parte general… es también una lección de dignidad: en medio del caos de la guerra, el general González Ortega no pierde de vista lo esencial: el respeto a la vida humana. Su testimonio está atravesado por un esfuerzo constante por garantizar condiciones mínimas para soldados heridos, por proteger a la población civil y por mantener la integridad de sus propios principios aun cuando todo parecía perdido. Incluso frente al enemigo, Ortega actúa con respeto, atendiendo a las circunstancias, a sus obligaciones y al deber de ofrecer un trato justo. En su relato no hay glorificación de la violencia ni sed de venganza: hay dolor, sí, pero también un compromiso firme con la compasión, la ética militar y la humanidad. Leerlo nos obliga a pensar que la historia, cuando es bien contada, no solo informa: transforma, especialmente cuando se trata de un evento como la Defensa de Puebla.

Un libro para apasionados de la historia de México

Aunque esta edición es de un tiraje corto destinado a personas específicas, puede ser apreciada tanto por el historiador profesional como por el lector que ama la historia por intuición, por herencia, por orgullo. Los comentarios y notas del doctor Marco Antonio Flores Zavala contextualizan el documento, explican sus silencios, y destacan el valor político y humano de cada página. Si alguna vez te has preguntado cómo era sostener una plaza sitiada, cómo se sentía tomar decisiones que implicaban vidas, o cómo se escribe una derrota sin perder el honor, este libro lo muestra, en el contexto de la Defensa de Puebla.

Un acto de memoria editorial

Este libro, más que un producto, es un documento vivo que resuena hoy con fuerza, especialmente en tiempos en que la historia tiende a simplificarse; hay que leerlo con calma, con respeto y con corazón. La historia no está hecha de monumentos, sino de hombres y mujeres que vivieron con intensidad. La edición de Parte general… es nuestra forma de tender un puente entre esa experiencia vivida y la sensibilidad del presente. Así como esta edición de Parte general que dio al Supremo Gobierno… nos recuerda la importancia de contar los hechos colectivos con rigor y humanidad, también creemos en la fuerza de contar lo personal.

En otra entrada compartimos una experiencia íntima sobre Crisol, un libro que rescató la historia de mi abuelo (a quien nunca conocí), y que me ayudó a comprender quién soy. Porque escribir también es sanar, legar y reconstruirnos. Te invito a leerla aquí

crisol

Escribir, una forma de sanar, honrar y trascender

Creo que escribir sobre nosotros mismos no es un acto de ego, sino de valentía, pues nos obliga a detenernos, mirar hacia adentro, y poner en palabras lo que fuimos, lo que somos y lo que hemos perdido. Cuando mi padre escribió Crisol, la biografía de mi abuelo Eladio Navarro Perezandi, a quien jamás conocí porque murió 36 años antes de que yo naciera, no imaginé lo transformador que sería editarlo.

A través de esas páginas entendí mejor a mi familia, comprendí rasgos de mi personalidad, llené huecos de identidad y encontré un nuevo arraigo: ese libro no solo honró a un hombre, sino que me ayudó a entenderme a mí misma.

Hay historias que no nacen para ser bestsellers ni para llenar auditorios, que brotan del corazón con la delicadeza de una cicatriz que ha cerrado y que, al tocarla, nos recuerda que hemos vivido: las que escribimos sobre nuestra infancia, nuestra familia, nuestros abuelos, o sobre ese pueblo donde dimos los primeros pasos.

Hay historias que no buscan la fama, sino el sentido; que transforman, que acompañan, que ayudan a ver con otros ojos el pasado. Estas no se escriben tanto para otros como para nosotros mismos; para entender, para perdonar, para no olvidar.

 

Por qué contar la historia de tu familia, de tu pueblo, de ti

Primero, para sanar heridas emocionales, pues escribir permite ordenar emociones, reinterpretar eventos dolorosos y mirar el pasado con nuevos ojos. Es una forma de hacer las paces con lo vivido.

También para fortalecer vínculos, porque los libros familiares crean puentes entre generaciones. Nietos que conocen a sus abuelos, hijos que entienden mejor a sus padres, hermanos que reconstruyen recuerdos comunes. Cada página puede ser un acto de reconciliación.

Incluso para preservar mejor la memoria. Muchas veces, la historia de una familia o de un pueblo se pierde cuando mueren sus protagonistas. Escribir es una forma de salvaguardar ese patrimonio, de dejar testimonio para los que vienen detrás.

También para encontrar sentido y orgullo, pues, al escribir sobre nuestros orígenes, descubrimos la fuerza de quienes nos antecedieron. Lo que parecía cotidiano cobra un valor profundo. Nuestro pueblo deja de ser un punto en el mapa y se convierte en una raíz.

 

Un acto íntimo que vale la pena

Escribir no siempre es fácil: a veces duele, a veces confunde; pero también revela, y muchas veces, libera. No se necesita ser escritor profesional ni tener una historia espectacular: es suficiente querer entenderse, recordar con cariño o dejar algo para quienes amamos.

Contar nuestra historia —la verdadera, la que llevamos dentro— puede dar sentido a muchas otras cosas; puede ayudar a los nuestros a entendernos mejor, a comprender de dónde venimos y por qué somos como somos.

Vivimos rodeados de contenidos efímeros, pero un texto escrito con el corazón tiene la capacidad de perdurar. Escribir sobre nosotros mismos, sobre quienes amamos o sobre el lugar que nos formó, es una forma de decir “yo estuve aquí”, y de ofrecer a otros las claves para entenderse mejor.

A veces, escribir no es solo para contar, sino para profundizar en nuestro conocimiento, para sanar, para agradecer, y, sobre todo, para trascender.

 

Si lo estás considerando, hazlo

Si alguna vez has sentido que deberías escribir sobre tu vida, sobre alguien que ya no está o sobre ese lugar que extrañas, hazlo; aunque solo lo lean tus hijos o lo guardes en una caja. La escritura tiene su propio valor, aunque no se convierta en libro.

Y si algún día decides que tu historia merece tomar forma y compartirse, aquí estaremos, con respeto y compromiso, para ayudarte a darle voz. Tenemos un sello editorial, EXEDRA, que se especializa en narrativas personales.

 

Desde ciencia hasta poesía, desde filosofía hasta memoria personal… Nuestro catálogo es tan diverso como nuestras ganas de seguir aprendiendo. Te invitamos a leer sobre uno de nuestros títulos más desconcertantes y fascinantes:
El libro de los cadáveres exquisitos, un universo donde lo esotérico, lo erótico, lo brutal y lo filosófico se cruzan sin pedir permiso.
Prepárate para una lectura que reta tu imaginación y te deja pensando: ¿qué tanto de este caos también habita en mí?
🔗 Descubre por qué esta novela merece estar en tu radar.
Porque en Texere, leer siempre es una aventura distinta.

 

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El libro de los cadáveres exquisitos: La obra que teje sueños y pesadillas

Cuando estudiaba los primeros semestres de Letras, descubrí El libro de los cadáveres exquisitos. Recuerdo el vértigo y la fascinación de sumergirme en sus páginas por primera vez. Gonzalo Lizardo me llevó a un universo distinto al de cualquier otra lectura previa: sus descripciones me hacían sentir dentro de la escena, casi como si pudiera tocar el aire y oír los sonidos.

Una escena erótica particularmente intensa me atrapó. En lugar de espantarme, me obligó a seguir leyendo. Años después, jamás imaginé que tendría la fortuna de reeditar esta obra —agotada durante mucho tiempo— para integrarla a Exmáquina, nuestra colección para jóvenes que buscan libros provocadores y únicos.

Un viaje onírico y desafiante

Más que una novela, El libro de los cadáveres exquisitos es una experiencia. Desde sus primeras líneas, nos adentra en un mundo donde lo real y lo fantástico se mezclan con aguda crítica social. Seguimos a Adelaida, una estudiante de preparatoria, y a su excéntrico maestro Lazare, filósofo y astrólogo, en una travesía cargada de deseo, dilemas morales y descubrimientos personales.

El estilo de Lizardo es envolvente: crea atmósferas surrealistas que invitan a perderse y descubrir los rincones más oscuros —y humanos— del alma.

Una escena, un impacto duradero

Imposible no mencionar esa escena erótica entre los protagonistas. Fue mi primer encuentro con una representación del deseo sin tabúes ni vulgaridad, escrita con una poesía que aún hoy me estremece. Fue reveladora entonces y lo sigue siendo ahora, cada vez que vuelvo a ella.

Gonzalo Lizardo: el autor que rompe moldes

Originario de Fresnillo, Zacatecas, Lizardo es uno de los narradores más singulares de la literatura mexicana contemporánea. Combina lo fantástico con lo cotidiano para crear mundos inquietantes, llenos de símbolos y provocaciones. Su relación con Texere ha sido un privilegio, y esta edición es testimonio de nuestro compromiso editorial.

Gracias al fenómeno booktoker, encabezado por Óscar Booker, el libro ha vivido un nuevo auge. Su viralización en redes confirma lo que siempre supimos: esta obra cautiva.

¿Por qué leer El libro de los cadáveres exquisitos?

Porque te reta, su prosa es bella y compleja y habla del poder, la muerte, el deseo y la trascendencia sin miedo ni concesiones. Es ideal para jóvenes que buscan lecturas transformadoras y para lectores experimentados que valoran la narrativa que transgrede.

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Dónde conseguirlo

Esta edición está disponible:

En Texere no solo publicamos libros: diseñamos experiencias. Ojalá disfrutes esta tanto como yo disfruté escribir sobre ella.

Judith Navarro
Directora de Texere Editores